Hay gente que no debe estar en ciertas ciudades, especialmente ciudades áridas, por no decir incultas o dormidas. Son un peligro estos seres extraños. Por ejemplo los artistas que deambulan sueltos, a la deriva, como lobos hambrientos más bien jactándose que son un atentado absoluto a la manida y avícola tranquilidad que poseen los habitantes de Avelandia. Naturalmente, algunos, (no es a la totalidad o el todo, léase así); hay excepciones en cada barrio, en cada esquina, en un bar, incluso en el fatídico supermercado o tienda de ropas, en el privado santuario donde algunos se relajan.
Bueno, tal vez, quien sobre (y no es el único que padece esta falla mecánica) en este lugar puede ser mi excéntrico y bipolar amigo Fulvio pintor, Fulvio acuarelista, Fulvio grabador, Fulvio maestro de arte, Fulvio - anti Fulvio, bebedor de la vida y la vid, Fulvio tabacalero ejemplo de irreverencia, un quijote derribando molinos propios y ajenos, un andamiaje que eleva el arte a las nubes más extrañas y verdaderas para dejar caer el color como una plomada y que todo se haga trizas por el arte; Fulvio sabueso que busca su hueso policromático con astucia y estética. Todavía me pregunto el por qué, este individuo, se mantiene firme como un muro en esta ciudad muerta de olvido y sin matices, los que uno quisiera, adosados a la fiel servidumbre del oficio, a medio camino del tiempo en el destiempo. No entiendo.
Sin embargo, me consuela saber que el mismo diablo le encarga ideas y proyectos. Fulvio debería estar en Eurasia, en Joligud, Tanzania, rodeado de la mística wagneriana, sentado en los anillos de saturno o donde le plazca, o mejor navegando en el Rhin y montando a cada walkyria que asome a su mundo creador e intuitivo. Este anacoreta es un caso perdido, un ejemplar extraño y luminoso que deambula por estas calles grises y sumidas en el tedio de lo cotidiano.
Naturalmente se merece un mejor comentario, otra descripción y análisis inteligible para deambular con cierta certeza por su mundo y que calce, perfectamente, en ese ideario arriesgado y emocional, como es su obra transmitida en matices, aventura tonal y exposición de climas adversos, indisciplinados y novedosos.
Su conceptualidad da origen a una posible herencia sin solución. Fulvio nunca tendrá solución posible, un nibelungo es lo que es. Tal vez, un desastre en ensimismado, una muerte que se ríe y manifiesta al mejor estilo de los genios que se remozan ante lo inevitable y adquieren ese brillo seductor, evocante en artilugios, superficies, estructuras, estéticas, guiños y movilidad particularmente fresca.
Seguiré meditando, reflexionando en libertad acerca de este singular personaje que no deja de asombrarme.
A. Navero
Título: Navero hundiendo la última esperanza de los ingenuos
Título: Navero implorando el perdón de sus pecados frente al gran mar
El arte en grabado de Fulvio. Miles de significados y ninguna satisfacción.
Dos rufianes de poca monta, pero con discurso...
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